Archivos Mensuales: noviembre 2012

Primeras impresiones de una recién llegada

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Primeras impresiones de una recién llegada

– Los venezolanos toman mucho whisky, tanto que algunos dicen que tienen el mayor consumo per cápita del mundo. Supe que no me había tomado el avión equivocado y que realmente iba a Caracas cuando escuché a la azafata decirle a un pasajero –“sí señor, ya le traigo su whisky”-.

– Hay dos versiones de casi todo: la chavista y la opositora. La radio chavista y la radio opositora, el canal chavista y el canal opositor, el festival de cine oficialista y  el opositor, el festival de teatro chavista y el opositor. Supongo que en algún punto intermedio de estos extremos se encuentra algo parecido a la verdad.

– No se puede fumar en casi ningún lugar que no sea la calle o la casa de uno.  Después de las gigantografías alabando las grandes obras de Chávez, el cartel de prohibido fumar es el que más se ve en Caracas. Los bares, oficinas públicas, clubes y todos los recintos cerrados son libre de humo, lo que hace de Venezuela un país con una de las leyes antitabaco más duras del mundo.

– Caracas es muchas cosas, pero sin duda es la ciudad de las peluquerías. Hay una en cada esquina, me animo a decir que debe ser la ciudad del mundo con más peluquerías per cápita. En un país famoso por sus Miss Universo, muchas caraqueñas antes de ir a trabajar pasan por alguna de las muchas peluquerías, que están abiertas desde las siete de la mañana o incluso antes.

– Hoy todo el mundo comenta el clásico de béisbol Leones del Caracas vs Navegantes del Magallanes. Algo así como el River-Boca local. Chávez es de Magallanes. El partido lo ganaron los Leones de Caracas.  ¿Alguien se habrá animado a decírselo mientras sigue su tratamiento en Cuba?

Las claves del nuevo mandato de Chávez

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Las postales no podían ser más diferentes: mientras los fuegos artificiales iluminaban el cielo de la capital venezolana en señal de celebración por la holgada victoria de Hugo Chávez el 7 de octubre, pocas horas después la bolsa de Caracas se desplomaba más de un 12 por ciento, y por el mismo motivo.

Estas reacciones divergentes ilustran claramente los grandes ganadores y perdedores que dejó el triunfo de Chávez sobre Henrique Capriles en las elecciones. Por un lado están los mercados, que temen que Chávez interprete su victoria con el 55 por ciento de los votos como un mandato para profundizar sus políticas de corte intervencionista y para poner a Venezuela en un camino “sin retorno” al socialismo. Por el otro, sus más de 8 millones de votantes, que ven en su triunfo la continuidad de las misiones sociales que les han permitido, tal vez por primera vez, acceder a una vivienda o poder tratar de manera gratuita sus problemas de salud.

La pregunta es con qué Chávez se encontrarán los venezolanos, y el resto de Latinoamérica, durante el que será su cuarto mandato consecutivo al frente de Venezuela. En primer lugar, un factor clave será su estado de salud, que podría volver a instalarse con fuerza en la agenda política tras haber prácticamente desaparecido del debate público en el último tramo de la campaña.

Si bien afirma estar curado del cáncer que se le declaró hace más de un año en la zona pélvica, las dudas persisten. Un deterioro de su salud podría abrir la puerta a una lucha de poder al interior de su gobierno, donde no emerge un sucesor claro, capaz de hacer “chavismo sin Chávez”. A poco de ganar las elecciones, Chávez buscó despejar uno de los interrogantes sobre su eventual sucesor al nombrar al hasta entonces canciller Nicolás Maduro como su vicepresidente, un cargo influyente si se tiene en cuenta que en caso de que Chávez muera durante sus primeros tres años de mandato, el vicepresidente será el encargado de convocar a nuevas elecciones.

En segundo lugar, enfrenta un escenario diferente al de sus mandatos anteriores, con una oposición unificada como nunca antes en los 14 años de la era chavista y que en las elecciones sacó 6 millones de votos, pese a quedar a 11 puntos de distancia. Según algunos analistas, esto podría obligar a Chávez a buscar consensos o una política de acuerdos.  En su primera conferencia de prensa tras ganar las elecciones, por momentos intentó alejarse de su habitual estilo confrontativo y contó incluso que había llamado y sostenido un diálogo “ameno” con Capriles, al que durante la campaña había tildado de “majunche”, “cochino” y “candidato de la burguesía”.

Un diálogo con las fuerzas de oposición sería algo inusual para Venezuela, donde los años del chavismo han estado marcados por un progresivo deterioro de la institucionalización que ha dado paso a lo que los politólogos llaman un régimen híbrido. Además, requeriría que ambos bandos superen la actual lógica de la desconfianza y la confrontación para dar paso a una lógica de cooperación.

Al mismo tiempo, los temores de los mercados a nuevas expropiaciones siguen latentes.  El propio Chávez agitó esos temores al decir en la campaña que buscaría poner “un cerrojo al capitalismo”. Su vicepresidente Elías Jaua intentó explicar qué significaba eso en la práctica: “Fortalecer el control de elementos estratégicos de nuestra economía como la energía, la alimentación del pueblo, los insumos para la construcción”, declaró a la agencia Reuters.

Sin embargo, la pregunta en esta oportunidad es qué margen de maniobra tendrá para hacerlo, frente a un panorama económico lleno de desafíos, que incluye una inflación galopante, un deterioro de la situación fiscal y un atraso cambiario que ha llevado a influyentes bancos de Wall Street como Goldman Sachs a considerar “inevitable” una devaluación.

El mismo Chávez reconoció que la campaña lo dejó agotado y todo indica que no tendrá tiempo para descansar, ni mucho menos para disfrutar su triunfo en las elecciones, que le permitió obtener un nuevo período de seis años con el que aspira a completar 20 años al frente de Venezuela.

El primer test post electoral para Chávez, cuyo nuevo mandato comenzará formalmente en enero, serán las elecciones regionales del 16 de diciembre, que  se convertirán en un examen para demostrar si es capaz de transferir su caudal de votos a los candidatos del chavismo a las gobernaciones de los estados del país. Hasta antes de estas elecciones, Chávez demoraría cualquier decisión impopular, como una potencial devaluación del bolívar.

Su cuarto mandato como presidente estará repleto de desafíos desde el día uno. Chávez se ha impuesto a sí mismo una ambiciosa agenda de reformas, plasmada en su “Programa de la Patria 2013-2019”, donde propone cosas como “convertir a Venezuela en un país potencia en lo social, lo económico y lo político dentro de la gran potencia naciente de América Latina y el Caribe”.

Para lograrlo cuenta con el respaldo de los votos de ocho millones de venezolanos y las jugosas arcas de PDVSA. Entre los fuegos artificiales y el desplome de la bolsa hay un amplio abanico de grises que dejan al descubierto cómo ha cambiado Venezuela en los 14 años de chavismo con la incorporación de amplios sectores populares históricamente marginados por acuerdos partidarios a puertas cerradas. Resultará clave entonces que tanto el Gobierno como la oposición estén a la altura de los nuevos desafíos, para los cuales se necesitan nuevas respuestas.

* Artículo publicado inicialmente en Asuntos del Sur

Capriles pone bajo la lupa la “petrochequera” de Chávez

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Un actor de Hollywood famoso por su coprotagónico junto a Mel Gibson en Arma Mortal. Un presidente latinoamericano armado de petrodólares y dispuesto a usarlos para aumentar su influencia internacional y exportar su sueño bolivariano. Esta historia podría ser el guión de alguna película clase B de Hollywood, pero en realidad refleja algo muy distinto: el alcance de la llamada petrochequera del presidente venezolano, Hugo Chávez, a la que su rival, Henrique Capriles, ha prometido poner fin si gana las elecciones del 7 de octubre.

A pocos días de unas elecciones clave para la región, la polémica en torno a la petrochequera se coló con fuerza en la campaña y en varias capitales latinoamericanas beneficiadas por la política de Chávez, marcada por una densa red de convenios y acuerdos de ayuda a gobiernos aliados y hasta actores amigos.

La historia cuenta que a mediados del 2007, un Hugo Chávez todavía envalentonado por su amplia victoria en las elecciones presidenciales de fines del 2006 recibía al actor Danny Glover en Caracas y se comprometía a financiar una película épica sobre el líder independentista haitiano François Dominique Toussaint-Louverture. Para concretar el proyecto, la Asamblea Nacional venezolana aprobó un presupuesto de 19 millones de dólares para actividades cinematográficas, una parte de los cuales se usarían para costear la película, que según lo acordado sería dirigida por el propio Glover y se filmaría en Venezuela.

Este caso es uno de los cientos que ilustran cómo Chávez, al amparo de un precio del petróleo que durante parte de sus más de 13 años en el poder rondó máximos históricos, destinó miles de millones de dólares a financiar proyectos internacionales afines a su socialismo del siglo XXI. Los proyectos conforman una mezcla variopinta que va desde una donación de 30.200 dólaresa una escuela de la India para construir un edificio que llevaría el nombre de uno de sus héroes, Simón Bolívar, hasta la construcción de una refinería en Nicaragua y la entrega de petróleo a Cuba a precios fuertemente subsidiados.

Ya en la recta final para las elecciones, la campaña de Capriles denunció durante un acto en Caracas la semana pasada que con varios de los fondos destinados a estos países se podrían haber construido al menos 15 hospitales, 9 escuelas y más de 200 viviendas para los venezolanos, y estimó en 260.000 millones de bolívares (60.465 millones de dólares al tipo de cambio oficial) el monto que a su juicio Venezuela ha “regalado” a otros gobiernos durante la era chavista.

El tema se ha convertido en uno de los caballitos de batalla de Capriles, que ha prometido que si llega al poder Venezuela no va a “regalar ni un barril de petróleo más”. “El que es amigo de Venezuela, es amigo de Venezuela, no hace falta comprar a los amigos y mientras haya personas con necesidad en Venezuela ese petróleo es para el pueblo”, dijo Capriles en un acto de campaña donde presentó sus propuestas en materia petrolera.

“Convenio no significa regalos. No vamos a regalar más el petróleo de los venezolanos. Esto significaría 164.000 millones de dólares y ese dinero, todos estos recursos a dónde van a ir, ¿a comprar tanques de guerra? No, mi hermano. ¿Van a ir para asfaltar las calles en Nicaragua? No, mi hermano. Un país con las reservas de petróleo en Venezuela, no puede tener gente pasando hambre”, disparó.

Las promesas de acabar con la petrochequera esconden cierta retórica electoralista, ya que tocan una fibra sensible en muchos venezolanos, disgustados porque perciben que la riqueza obtenida con la renta petrolera es usada para financiar proyectos políticos de otros países y no para mejorar su calidad de vida, muy golpeada por la alta inflación y las elevadas tasas de inseguridad. Capriles ha sido esquivo en decir cómo lo haría y como casi todos los desafíos que enfrenta, hacerlo no sería fácil ni rápido, debido a que hay compromisos asumidos, sobre todo bajo el paraguas de Petrocaribe.

La petrochequera ha sido un pilar fundamental de la política exterior de Chávez. Proyectos como el ALBA y  Petrocaribe se han convertido en instrumentos para exportar su revolución bolivariana al resto de América Latina y el Caribe, a tal punto que en muchas capitales de la región sus líderes ruegan que siga en el poder para no perder el acceso al petróleo barato.  El caso más visible es Cuba, donde Venezuela es el principal benefactor gracias a generosos convenios forjados bajo la amistad de Chávez con Fidel Castro.

Chávez se inclina por describir su estrategia como una forma de solidaridad entre los pueblos y como un contrapeso a los tratados de libre comercio que impulsa el neoliberalismo. “Estamos obligados a seguir avanzando, América Latina, el ALBA, que es punta de lanza de la unidad verdadera, plena y perfecta entre nuestros pueblos”, dijo Chávez en un discurso en La Habana por el décimo aniversario del Convenio Integral Cuba-Venezuela.

Cuba es quizá el caso más emblemático de la petrochequera, pero los tentáculos de esta estrategia llegan a lugares tan distantes como la India, y por qué no, a Hollywood.

Más de cinco años después del encuentro entre Chávez y Glover, la película todavía no se empezó a filmar, algo que según promete la productora del actor podría ocurrir el año que viene. “No querrá escuchar esas historias, podría escribir un libro solamente sobre el proceso de intentar hacer una película sobre la revolución haitiana, pero el proyecto todavía está vivo” contó Glover en una entrevista con el diario británico The Guardian en mayo de este año , ajeno probablemente a la polémica en torno a la petrochequera y a la guerra de encuestas en Venezuela.

*Artículo publicado originalmente en Asuntos del Sur